Soñaba en una ocasión
que la soledad me hacia compañía,
su mano me tocaba
y podía sentirla fría.
Ella me acariciaba el rostro
al tiempo que me decía:
"cuan solo puedes estar
cuando la gente te mira
y hace como si no existieras"
La soledad se sentaba a mi lado,
a mi lado ella comía,
de los bocados del hambriento
a quien ella la vida había arrebatado.
Platicaba con voz seca,
como transcurría su vida,
siempre tan aburrida
siendo aun así tan eterna.
En este momento de charla
en la cual yo no intervenía,
me decía cuanta suerte tiene el hombre;
pues aun cuando esta encerrado en su mundo
pensando que nadie lo quiere,
el hombre se aferra a su ego
pensando que el mundo debe girar en él,
dependiendo siempre de sus actos
sin poder vivir sin él.
Este era el error constante
por el que el hombre siempre se siente así,
tan solitario, tan errante.
Si tan solo supiera la realidad
que no hay mas soledad,
que la misma soledad;
y esa no esta en otra parte
sino en el silencio de una tumba
en el descanso de un cementerio,
donde la soledad reina
y el muerto calla
esperando tener el derecho
de decir sus lamentos.
Gonzalo Sotelo
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